luchamos contra el olvido

 

 

 

Por Scott Campbell

Julio 2025

No conocí a Alejandra, Mile, Nadia, Rubén ni Yesenia. Solo supe de su existencia después de sus muertes. Es una doble pérdida darse cuenta de las vidas que uno podría haber conocido si no se las hubieran robado de forma tan abrupta y cruel. A pesar de no haberles conocido en vida, he tenido el honor de participar en muy pequeña medida en intentar mantener sus memorias y presencias durante los últimos diez años.

Comenzó cuando leí la carta-poema de Mirtha a su hija Nadia, al cumplirse un año de su asesinato. Trabajando con medios libres en lo que llaman Estados Unidos, traduje su carta, la publiqué en Internet y la compartí entre amigues, compañeres y en las redes sociales. Como resultado, une queride compa que estaba editando una antología sobre el duelo y el luto colectivos me pidió que incluyera la traducción en el volumen, junto con una breve introducción escrita por mí.

Allí comenzó una correspondencia con Mirtha, que se ha mantenido a lo largo de nueve años. Desde la distancia, la he visto atravesar pérdidas, angustias, obstáculos, injusticias, encubrimientos, despidos y solidaridades. En ocasiones, he compartido noticias, escrito artículos y traducido declaraciones y poemas. Lo triste es que la gran mayoría de la gente en Estados Unidos sabe muy poco sobre México. O al menos muy poco que sea cierto. Este es el caso incluso entre les compas comprometides con la lucha por la justicia. Lo único que puedo esperar es que el brillo y el grito de los pequeños guijarros que he depositado a lo largo de los años en las playas de lucha junto a mis compañeres hayan llegado a su conciencia. Que como yo, quizá no conocieron a Alejandra, Mile, Nadia, Rubén o Yesenia, pero ahora les ven. Y ser vistes es ser recordades.

Me llena de humildad escribir estas palabras, contribuir a un archivo común de memoria colectiva, con la sensación de que he hecho muy poco. Intenté, a mi manera, elevar los nombres de les cinco en inglés. Gritar, empujar o susurrar: “Oye, vean aquí. Esto también necesita nuestro cuidado y solidaridad”. Si algo me ha enseñado Mirtha es a luchar por la memoria y a resistir a través de la memoria. Estoy en deuda con ella en formas que no tengo palabras para expresar. He visto cómo la presencia de la ausencia ha dejado un espacio sin llenar, un peso inquebrantable. En el mejor de los casos, lo único que he hecho es decir: “Amiga, no tiene por qué cargar con esto sola”. Y creo que es cargando colectivamente con el peso infinito de cinco vidas robadas, con el peso de la pérdida, la injusticia, el patriarcado, la opresión del Estado y la corrupción, como forjamos la memoria colectiva, como luchamos contra el olvido y como juntos podemos caminar hacia delante con un dolor desafiante.

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