narvarte 11 años: contra el olvido
— Por Índira Alfaro, familiares de lxs 5
31 Julio 2026
Dicen que el crimen perfecto no existe, pero cuando las autoridades y el gobierno están amañados, no existe manera de delatarlos. El 31 de julio del 2015, en el edificio 1909, departamento 4, de la calle Luz Saviñón, en la colonia Narvarte, se cometió al parecer el crimen perfecto. Donde asesinaron a Alejandra Negrete, Mile Martín, Yesenia Quiroz, Nadia Vera y Rubén Espinosa.
Nadia y Rubén, en entrevistas previas, dieron el nombre de personas a quienes denunciaron por hostigamiento, persecución y amenazas, en la ciudad de Veracruz, que los obligó a refugiarse en la Ciudad de México.
Y la casualidad perfecta para las autoridades: fueron asesinados juntos. Las casualidades existen en verdad, pero en criminología, cuando dos víctimas comparten el mismo perfil de riesgo como amenaza previa y persecución, su muerte conjunta se trata automáticamente como un acto dirigido y planificado, no como un encuentro fortuito.
Para un criminal o grupo criminal, localizar a dos objetivos en el mismo lugar y momento, optimiza sus recursos y reduce su tiempo de exposición, esto refuerza lo que siempre hemos dicho: que fue algo coordinado y muy bien planificado. La tortura severa que sufrieron elimina casi por completo la narrativa de la hipótesis de que fue casualidad.
Once años de ausencia. Once años de silencio oficial.
Hoy, 31 de julio de 2026, no venimos a pedir una audiencia; venimos a denunciar un abandono. Venimos a señalar la cobardía de las autoridades que, con el paso de los años, decidieron que el tiempo era su mejor aliado para el olvido. Decidieron cerrar las puertas, cancelar las mesas de trabajo y dar la espalda a las familias y a sus representantes.
Para el poder, las vidas de Alejandra, Mile, Yesenia, Nadia y Rubén se redujeron a carpetas que acumulan polvo en un sótano. Al retirar las mesas de diálogo, las autoridades no sólo detuvieron las investigaciones, pretendieron borrar la exigencia de verdad. Quisieron que el cansancio venciera a la memoria. Apostaron a que el silencio de sus oficinas apagaría el grito de justicia.
Pero el olvido es el lujo de los cómplices. Las familias siguen aquí. Su dignidad no depende de la agenda de un funcionario ni de la voluntad de una fiscalía indolente. Aunque las autoridades hayan abandonado la mesa, nosotros no abandonamos las calles ni la memoria. A once años del crimen, su silencio los acusa. Su burocracia los condena.
Alejandra, Mile, Yesenia, Nadia y Rubén no caben en su olvido.
